Gloria Mundi

La primera exposición en París de Paz Errázuriz se presenta en mor charpentier bajo la premisa de ser, más que una retrospectiva, una revisión transversal de su trabajo. Muestra series emblemáticas de la artista, al tiempo que intenta atraer la atención sobre imágenes menos conocidas. A través de sus fotografías, asistimos a una puesta en cuestión de las identidades normativas así como de la mirada de la sociedad sobre los individuos.

“Yo he hecho mi trabajo fotográfico en Chile. Es como una obsesión, un encantamiento. Esta búsqueda tantas veces repetida sobre la identidad la he llevado a cabo por mucho tiempo y todavía me sigue interesando. Algo así como una necesidad de hacer lo mío sin importarme lo que puede o no ser aceptado. Y para lograr esto, para hacer estos proyectos, he trabajado como fotógrafa retratista.”

Paz Errázuriz

Gloria Mundi

La obra fotográfica de Paz Errázuriz ha actuado como un testigo imparcial de la sociedad chilena desde finales de la década de 1970. Años marcados por la represión de una sangrienta dictadura militar, primero, y por un desarrollo económico que ha dejado profundas zonas de pobreza y exclusión Una imagen tan sorprendente comoEl caminante(1987), uno de sus primeros trabajos, captura la inmediatez de un instante en el trayecto de un transeúnte, probablemente ebrio desde una cierta distancia, como si no quisiera alterar la realidad con su presencia. Un distanciamiento que no es habitual en su trabajo posterior, caracterizado muy al contrario, por la implicación personal al lado de sus retratados, dedicando semanas y meses a ganar su confianza antes de disparar la primera toma. No hay nada de voyeurístico en su mirada. Uno de los ejemplos más claros en este sentido es la célebre serie La manzana de Adán(1982-1986), en la que retrata la intimidad de un grupo de travestis que trabajaban en burdeles de Santiago de Chile durante la dictadura. La artista entabló con ellos y sus familias fuertes lazos de afecto que han perdurado a lo largo del tiempo. En la exposición se presenta un retrato en primer plano de Pilar —una de las figuras centrales del proyecto—. Las fotografías en color que integran esta serie, se mantuvieron inéditas durante décadas, publicando inicialmente sólo los clichés en blanco y negro. El redescubrimiento de estas imágenes ofrece una perspectiva vibrante y más completa sobre todo el conjunto.

Muchas de las series fotográficas de Errázuriz se sitúan en lo que la crítica de arte Nelly Richard ha llamado “estética de la periferia”, retratando sujetos que se se encuentran en “confines”, ya sean éstos definidos por los límites geográficos o por la exclusión social. Sin embargo, la artista rechaza el termino “marginal”, y no existe en su práctica artística ninguna connotación moralizadora. Como hemos ya indicado, sus imágenes emanan de una empatía profunda y sincera. En realidad, como ella misma ha relatado, todo su trabajo es extremadamente autorreferencial: fotografiar determinados sujetos corresponde a sus propias obsesiones con el cuerpo, el envejecimiento, etc. En uno de esos “confines” se podrían situar los artistas de un circo ambulante a los que la fotógrafa acompañó retratando diversos aspectos de la vida detrás de los proyectores, la fantasía y los decorados en la serie El circo (1981). Algo similar hizo, años después, al embarcarse en la tournée de un grupo de lucha libre itinerante para el proyecto Los luchadores del ring (1988- 1991). El resultado es, en ambos casos, profundamente cautivador y cargado de un aura onírica, casi surrealista.

Uno de los temas que se revelan con gran fuerza a través de la exposición, y que ha sido señalado con menos frecuencia, es el de una masculinidad frágil. Lejos de modelos heroicos, se manifiesta abatida e incluso truncada en series como Boxeadores (1987) o Exéresis (2004). La emblemática serie de retratos realizada en la Federación Chilena de Boxeo, presenta a estos hombres equipados de manera precaria, dando muestra de cansancio y vulnerabilidad. Mientras sus fotos de estatuas antiguas desprovistas de genitales, más allá del significado histórico, ofrecen al espectador un cuerpo andrógino y no hegemónico. Con el paso de los años Errázuriz ha adaptado su técnica a la fotografía digital, pero no ha perdido ni un ápice de su energía creativa o su conexión con la realidad de la sociedad chilena.

El caminante

La inusual imagen panorámica titulada El caminante, es parte de una ecléctica serie de fotografías —Personas— de individuos anónimos en Santiago de Chile. Es, de alguna manera, una aproximación a un retrato colectivo de la ciudad, que ofrece un punto de vista introspectivo de la miseria y la exclusion social en los últimos años de la dictadura militar. Algunos de ellos son retratos posados, mientras otros, como este, parece mas bien una fotografía “robada”. Semejante a una serie de fotogramas o un storyboard cinematográfico, la artista captura en varias instantáneas la extraña manera de caminar de un viandante —seguramente ebrio—, hasta que finalmente acaba por instalarse en la acera. Están fotografiadas desde una cierta distancia, como si no quisiera alterar la realidad con su presencia. De hecho, Errázuriz tomó las fotos desde un coche detenido en un semáforo. Este tipo de distanciación no es común en su trabajo, que se caracteriza, muy al contrario, por la implicación personal junto a los protagonistas de sus retratos. El caminante es, por lo tanto, un raro ejemplo de su practica artística, no sólo por esta manera de hacer particular, sino por su formato y la narrativa secuencial de la obra.

El Caminante, 1987

Paz Errázuriz

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“Mostrar una imagen indigna es una traición. Hay un compromiso de por medio. Hacer una foto es muy atroz, muy agresivo, es muy valiente el acto de quien se deja fotografiar. Hay una cantidad de pactos silenciosos que tú no puedes traicionar.”

Paz Errázuriz

Boxeadores

Esta serie de retratos de boxeadores en un club deportivo de clase popular en Chile, está seguramente entre las imágenes mas conocidas de la carrera de Paz Errázuriz. Personifican el sacrificio personal del ejercicio, presentándose ante la cámara en poses heroicas y con una mirada ausente, vacía. La artista captura una representación performativa de la masculinidad, a la vez que explora los estereotipos que determinan la aceptación y el deseo de pertenencia dentro de las instituciones que rigen la vida social.

Durante su carrera, Paz Errázuriz ha tenido el hábito de imprimir versiones en menor formato de sus series más importantes. Estas ediciones limitadas, en general no mas de dos copias de cada imagen, incluyen a menudo fotografías alternativas que no forman parte de la serie principal. Se trata en todo caso de impresiones de época en gelatina de plata, conservadas en el estudio de la artista desde el momento de su producción.

Boxeadores (I), 1987

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Boxeadores (II), 1987

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Boxeadores (III), 1987

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Boxeadores (IV), 1987

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Boxeadores (V), 1987

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Boxeadores (VI), 1987

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Boxeadores (VII), 1987

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Boxeadores (VIII), 1987

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Boxeadores (IX), 1987

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Boxeadores (X), 1987

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Exéresis

Exéresis es una de las pocas series fotográficas que Paz Errázuriz ha realizado fuera de Chile. Estas imágenes de esculturas antiguas fueron tomadas en museos de Europa y los Estados Unidos. El interés de la artista se concentra en los torsos de estatuas masculinas en las que los genitales han desaparecido —“Exéresis” significa la amputación quirúrgica de cualquier parte u órgano corporal. La razón o circunstancias históricas por las que estas estatuas perdieron el pene no es relevante para este asunto. La serie evoca una masculinidad que ha sido anulada y ya no es heroica o triunfante, y la remplaza por un cuerpo ambiguo y sin género.

Exéresis (Group I), 2004

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Exéresis (Group II), 2004

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“En la fotografía realizada por mujeres percibo una conciencia en el cuidado y cultivo de las relaciones humanas, sobre todo cuando se trata de retratos y más aún cuando los retratados son personas marginadas socialmente, los “otros”, como los son en su mayoría mis retratados.”

Paz Errázuriz

La manzana de Adán

A principios de la década de 1980, Paz Errázuriz en embarcó en su más célebre serie de fotografías. Durante varios años, visitó regularmente a las travestis que trabajaban en diferentes burdeles de Chile, creando un fuerte vínculo de confianza y amistad que le permitió documentar este universo tan íntimo. Su presencia durante las fiestas nocturnas y la vida cotidiana de sus modelos, no era la de un voyeur, sino más bien la de una aliada. Errázurriz mantuvo una larga amistad con dos de ellas, Evelyn y Pilar, quienes aparecen con frecuencia en las imágenes mas icónicas de la serie.

La artista recibió una beca Guggenheim que le permitió completar este proyecto. Las fotografías, sin embargo, no se publicaron hasta 1990, debido a que las autoridades consideraban el tema demasiado subversivo. La manzana de Adán incluye diferentes series de fotografías tanto en color como en blanco y negro, capturando la esencia de esta comunidad llena de coraje y capacidad de resistencia.

En origen, algunas de las fotografías se imprimieron utilizando la técnica del Cibachrome, un proceso de revelado de positivo a positivo que se utilizaba para la reproducción de diapositivas sobre papel fotográfico. Una edición moderna de la serie integral permite descubrir a todo color un gran numero de matices en la intimidad cotidiana de sus protagonistas: las fiestas, el maquillaje, la vida privada, etc.

La manzana de Adán (Pilar, Talca), 1982-1986

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El circo

Esta serie revela el interés particular que Paz Errázuriz ha tenido desde siempre por fotografiar grupos de personas que discurren fuera de los caminos regulados de la sociedad. Sus fotografías, documentando la tramoya de un circo ambulante chileno, muestran la ambición por crear una ilusión deslumbrante, con los medios precarios de una producción humilde. La cámara de Errázuriz, muestra una vision conmovedora de la mascarada, envuelta en un sentimiento general de extrañeza surrealista.

“Paz Errázuriz intersectó el sueño del mago con la pesadilla del dictador, las máscaras de la bella con los desnudos de la bestia, la rutilancia nocturna del estrass con el harapo sucio del cartonero. Mezcló segmentos de identidad, revolvió fracciones de memoria y deseo, soltó el mapa de ataduras de la ciudad con los clandestinajes de una mirada fotográfica convertida en agente de promiscuidades.”

Nelly Richards, crítica de arte

El circo (Mago Capriario, Santiago), 1981

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El circo (Miss Piggy I), 1981

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El circo (Miss Piggy II), 1981

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El circo (Untitled), 1981

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El circo (Untitled), 1981

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El circo (Mago II, Santiago), 1981

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“Es una constante en la trayectoria fotográfica de una autodidacta como Errázuriz haber tratado de pisar espacios indebidos donde se practicaba la exclusión de género, haber penetrado asimismo en cotos vedados por la moral hegemónica, o haber recorrido la periferia en pos de forma de vida nómada o ambulante”.

Juan Vicente Aliaga, crítico de arte y comisario de exposición

El circo (Carpa Lonquimay), 1981

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Luchadores del ring

Para la producción de esta serie, Paz Errázuriz viajó por el norte de Chile en un autobús con un grupo de luchadores. Esta experiencia le dio la oportunidad de descubrir un lado totalmente oculto del negocio de la lucha: su faceta privada. Al margen de los personajes que estos hombres representan sobre el ring, la artista desvela una vida de familia, mujeres y niños que viajan con ellos, y el aspecto singular de su modo de vida. En lugar de interesarse por la fuerza de la performance, Errázuriz escoge la intimidad y la fragilidad.

Luchadores del ring (La momia y su hijo II), 1988-1991

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Luchadores del ring (Black Demon), 1988-1991

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Luchadores del ring (La momia), 1988-1991

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